¿Otros 20 años para el vuelo del fénix?

La figura del ave fénix abre sus alas de fuego sobre las fotografías de policías que resguardan un edificio del Sur de Los Ángeles y de militares que, con rifles de alto poder, descienden a toda prisa de un camión.

Una mujer de origen coreano protege lo que ha quedado de su tienda en el suroeste de Santa Mónica.

Una mujer de origen coreano protege lo que ha quedado de su tienda en el suroeste de Santa Mónica.

Foto: Ciro Cesar / La Opinión
PUBLICADO: EST Apr 28, 2012 12:30 am EST
La figura del ave fénix abre sus alas de fuego sobre las fotografías de policías que resguardan un edificio del Sur de Los Ángeles y de militares que, con rifles de alto poder, descienden a toda prisa de un camión. "Me levanto de las cenizas", dice una frase en el cartel, colocado en la esquina de las avenidas Florence y Normandie, el centro neurálgico de los disturbios de 1992. En esa intersección casi pierde la vida el camionero anglosajón Reginald Denny, cuando un semáforo con luz roja lo detuvo en medio de una creciente revuelta. A él le cobraron la golpiza que un año atrás le habían propinado cuatro agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) al afroamericano Rodney King. Un grupo de artistas negros ha utilizado la imagen del fénix para representar a una comunidad que, literalmente, ha surgido del polvo que quedó de los múltiples incendios que consumieron cientos de estructuras en el Sur de Los Ángeles hace dos décadas. "Mucha gente inocente murió durante los disturbios", recuerda Leonard Brown, un anciano negro que desde la década de 1980 ha vivido cerca del lugar donde, afirma, al menos dos de sus conocidos participaron en el brutal ataque a Denny. Brown, entonces de 55 años, decidió resguardarse en casa durante las revueltas. Sólo escuchaba las sirenas de patrullas y de camiones de bomberos que pasaban cerca de su vivienda, aunque dice que motivos tenía de sobra para integrarse a las protestas. "Los latinos y los negros eran tratados de manera diferente que los blancos", contó. A decir de Brown, ni siquiera eso ha cambiado en su vecindario. "Aún tenemos muchas licorerías en esta zona; desempleo, mucha gente tiene que pedir estampillas de comida, la pobreza es muy grave. Todavía hay mucho tramo por recorrer", dice este hombre de 75 años. Antes de los disturbios de 1992 el Sur de Los Ángeles era hogar de miles de familias pobres, una realidad que no ha cambiado pese a los esfuerzos de las autoridades. Cuatro de cada 10 hogares sobreviven con 20 mil dólares anuales o menos, 63% alquila una vivienda y más de 203 mil residentes no han concluído la preparatoria. Han llegado nuevos negocios, escuelas, complejos de vivienda, servicios sociales y medios de transporte (este fin de semana se abre la Línea Expo del metro y próximamente iniciará la construcción de la Línea Crenshaw del tren ligero), pero todavía se respira el desamparo en gran parte de los 28 vecindarios que conforman esa zona de la ciudad. Ahí, lejos de descender la cantidad de jóvenes involucrados en pandillas ha aumentado, la tasa de desocupación es superior a la de otras partes del municipio, como lo es la de robos a propiedades, y siguen escaseando las áreas recreativas, los centros laborales y la comida saludable. Más de 20 personas, incluídos seis policías, perdieron la vida en el Sur de Los Ángeles durante los disturbios de 1992. Esto es casi la misma cantidad de personas que fueron asesinadas en 2011 en el territorio que vigila la estación 77th del LAPD. En lo que va de este año se han registrado siete homicidios, un aumento del 40% comparado con el mismo período de 2011. En Harvard Park, el mismo barrio donde fue agredido Denny hace dos décadas, el pasado 4 de febrero fue encontrado dentro de un contenedor de basura el cadáver de John Joseph Sullivan, de 53 años. Tenía múltiples disparos de bala. "Los cambios son difíciles de ver", dice Timothy Wayne, un vecino de esa región que vivió de cerca la revuelta del 92. "No hay empleos llegando al vecindario… Cuando inició la reconstrucción, ningún residente local participó, sino que vinieron contratistas foráneos", reclama. A decir de las autoridades, sí es posible ver la creciente prosperidad en esa región. "Hoy cuando pasas por Historic Central Avenue, por el bulevar Washington, ves cambios positivos, energía positiva", dice la concejal Jan Perry, representante del Distrito 9 en el Concejo Municipal. Rebbeca Blank, subsecretaria del Departamento de Comercio, comenta que la complicada situación por la que atraviesa el Sur de Los Ángeles es parecida a la que padecen otras partes del país. "Cuando la recesión golpeó, en 2007, Los Ángeles y otras ciudades estuvieron amenazadas de nuevo, no por las llamas de los disturbios de hace 20 años, sino por destrucción real: la pérdida de empleos y, de nuevo, la falta de esperanza", expresó. Algunos residentes que vivieron de cerca la amenaza de una turba sin control afirman que, aunque falta mucho por hacer, sí ha mejorado la calidad de vida de esa parte de la ciudad. "Hay menos trabajo, pero hay más seguridad", expresó Esperanza Valdivia, vecina del lugar desde hace 35 años. Para Brown, el ave fénix que pegaron en la esquina donde nacieron los disturbios no ha podido emprender el vuelo. "Al menos tienen que pasar otros 20 años para que veamos cambios reales".
Agrega un comentario

MÁS NOTAS